
A medio camino entre Almagro y el parque natural del Valle de Alcudia, el oasis castellano habla lenguaje universal. Patios empedrados, suelos de barro, refuerzos de madera, piedra robusta, fuentes cantarinas y colores intensos. La mansión solariega convierte la experiencia de un siglo de vida en alojamiento de sol y sombra. Remanso de paz bajo la sombrilla del jardín en su patio columnado. Encanto nocturno en su precioso comedor veraniego, en un patio entre flores y plantas aromáticas. Yantar de puchero y sabiduría manchega. Y cinco habitaciones nombradas como cinco vides, blancas y tintas: bobal, viura, malvasía, cencibel y airén. Cada una distinta, personal en su carácter austero pero sentido, cinco propuestas de estancias rurales, de piedra y cabecero fino, de lamparita coqueta y tapiz.